El efecto de los edulcorantes en nuestra salud


No somos conscientes de que muchos alimentos y bebidas que tomamos cada día llevan edulcorantes añadidos. Deberíamos conocer el impacto que tienen estas sustancias en nuestro metabolismo y a nivel general sobre nuestra salud.  

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la ingesta de azúcar represente solo el 5% del consumo de energía diaria de una persona, es decir, no más de 25 gramos al día. Ante esta limitación de ingesta de azúcar, el consumo de edulcorantes se ha disparado en los últimos años. Sin embargo, según recientes investigaciones, el consumo de edulcorantes puede no ser tan beneficioso para la salud como se pensaba, ya que está asociado asociado con alteraciones metabólicas.

Tania Mesa – Directora de la Unidad de Nutrición y Enfermería Neolife

Alejandro Monzó – Unidad de Nutrición y Enfermería Neolife


Se requieren más investigaciones que aporten datos convincentes de los efectos de los edulcorantes a largo plazo.

El término edulcorante hace referencia a aquel aditivo alimentario que es capaz de mimetizar el efecto dulce del azúcar y que, habitualmente, aporta menor energía. Algunos de ellos son edulcorantes naturales mientras que otros son sintéticos, denominándose edulcorantes artificiales (1). En cuanto a su clasificación global (Tabla 1), los edulcorantes se pueden clasificar en función de su contenido calórico, según su origen o incluso según su estructura química.

La sacarosa (azúcar de mesa) ha sido relacionada con la obesidad, la diabetes tipo 2, la caries dental y las enfermedades cardiovasculares, entre otras enfermedades. Desde hace décadas, las autoridades sanitarias recomiendan reducir su consumo como prevención de estas enfermedades (1, 2). Sin embargo, la retirada del azúcar ha dejado paso a una larga lista de edulcorantes, los cuales son potencialmente más dulces que la sacarosa, sin aportar apenas calorías.

El éxito actual de los edulcorantes se basa en proporcionar un menor contenido calórico en la dieta para promover un descenso del peso corporal y prevenir el desarrollo de enfermedades asociadas a la ingesta de azúcar como la diabetes o la caries dental (1). Sin embargo, entre los consumidores de edulcorantes cada vez surgen más dudas sobre los beneficios o riesgos asociados a su consumo.

Es importante matizar que algunos edulcorantes que se denominan naturales no son tales. La realidad es que cuando llegan al supermercado han sido sometidos a varios procesos químicos dejando de ser un producto natural (2).

Melatonina a altas dosis un protector frente al cáncer

Tabla 1. Clasificación de los edulcorantes, adaptado (1).

La gran mayoría de los edulcorantes naturales tienen el mismo valor calórico que el azúcar y la miel, pero también hay algunos sin valor calórico como la Stevia. Se denominan naturales por ser precisamente de origen natural en plantas o sintetizados por animales (como es el caso de las abejas y la miel).

La Stevia es una planta originaria de Paraguay, utilizada como edulcorante y planta medicinal. Sus hojas son mucho más dulces que el azúcar, sin aporte calórico. Varios estudios muestran que puede mejorar la sensibilidad a la insulina, reduce los niveles de glucosa y ayuda también a bajar la presión arterial. La Stevia es una opción válida, pero los expertos avisan que debe ser consumida en su forma natural, como las hojas frescas o secas, ya que en los edulcorantes que encontramos en el supermercado a base de stevia se combinan glucósidos de esteviol con otras sustancias como eritritol (un alcohol de azúcar), sin aportar apenas beneficios (3).

Desde hace un tiempo, la polémica sobre la seguridad de los edulcorantes artificiales va en aumento. El enorme aumento de la obesidad ha hecho que el consumo de estos endulzantes sintéticos se haya disparado en las últimas décadas. Los más comúnmente utilizados son la sacarina, la sucralosa, el aspartamo y el ciclamato, pero debemos preguntarnos, ¿son seguros para nuestra salud?

La sacarina es un edulcorante autorizado por la EFSA (Autoridad de Seguridad Alimentaria) y la podemos encontrar identificada como E-954. La sacarina no se metaboliza, se absorbe tal cual y es eliminada rápidamente por vía renal sin aportar ni una sola caloría. Su ingesta diaria admisible es de 5 mg/kg de peso corporal, pero no es un edulcorante totalmente inocuo (4,5).

En el caso del ciclamato, identificado con el código E-952, su absorción es bastante limitada, y lo poco que se absorbe se elimina inalterado con la orina. En la actualidad, en EE.UU. y en diversos países de Sudamérica está prohibido su consumo (4). El problema es que el ciclamato se convierte en ciclohexilamina, un metabolito potencialmente tóxico, interfiriendo en la síntesis de hormonas tiroideas y puede producir alergias. La OMS lo desaconseja en mujeres embarazadas y niños por su posible efecto cancerígeno y efectos mutágenos, limitando la dosis máxima a 11 mg/kg de peso corporal (6).

El empleo de la sucralosa, identificada con el código E-955, está bastante extendido en la industria alimentaria, de manera que se encuentra en una gran variedad de alimentos procesados. Apenas es absorbida en el tracto digestivo, y la poca que se absorbe es eliminada por la orina a través de los riñones (4). Un estudio publicado en Journal of Toxicology and Environmental Health, relacionado con la sucralosa, descubrió que puede reducir la cantidad de bacterias intestinales “buenas”, aumentar el nivel de pH en el intestino y provocar síntomas tales como alergias, migrañas, problemas gastrointestinales, aumento de peso y mayores niveles de azúcar en sangre. En Europa, la dosis máxima diaria admitida es de 15 mg/kg peso corporal (7).

El aspartamo, identificado con el código E-951, es un edulcorante artificial creado a partir del ácido aspártico. Recientemente, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) revisó su autorización concluyendo que su consumo es seguro, aunque la dosis máxima diaria es de 40 mg/kg de peso corporal (4). El aspartamo está presente en numerosos alimentos procesados.

Un informe presentado por la OMS, publicado en la revista British Medical Journal (9), revela que no hay pruebas suficientes para evaluar de forma definitiva los beneficios y los efectos perjudiciales de los edulcorantes, y en particular, los posibles efectos a largo plazo. En sus conclusiones, los autores señalan que no existen pruebas de que los edulcorantes no azucarados sean mucho mejores que el azúcar.

A pesar de que los edulcorantes representan un recurso “útil” para muchas personas que no quieren aumentar de peso, lo cierto es que no hay pruebas concluyentes de que los edulcorantes acalóricos reduzcan el sobrepeso y la obesidad. Es más, se pudo evidenciar en otro estudio que no son efectivos para la pérdida de peso. Incluso pueden incrementar el apetito y aumentar el peso (2), pudiendo contribuir al síndrome metabólico y a la epidemia de la obesidad (10). Los participantes en dicho estudio, que trataban de ahorrar kilocalorías tomando edulcorantes, las compensaban después con otras comidas más calóricas, al creer que con el simple hecho de reducir “azúcar” se podían permitir tomar otros alimentos que resultaban ser más calóricos en el cómputo general. Por tanto, es posible que exista un desequilibrio en las señales de recompensa del cerebro humano relacionadas con la sensación de “dulzor” que genera confusión e impide detectar el contenido energético de las comidas (2, 9).

Todos los edulcorantes artificiales aprobados para su uso han sido determinados como seguros dentro de unos niveles de consumo admisibles. Sin embargo, en la actualidad, el patrón de alimentación occidental cada vez cobra más fuerza y la base de su alimentación son alimentos y productos ultraprocesados, con grandes cantidades de edulcorantes artificiales. Por ello, la estimación de la ingesta es difícil de evaluar. La evidencia existente de los beneficios de emplear edulcorantes artificiales como parte de la dieta y alimentación habitual de la población carece de resultados. Las futuras investigaciones deberán centrarse en nuevos edulcorantes naturales, determinando los efectos metabólicos a largo plazo.

Tenemos el deber de educar correctamente el sentido del gusto desde las edades más tempranas, evitando enmascarar los sabores reales de los alimentos con sustancias que nos volverán dependientes de ellas con el paso de los años. La elección más saludable no está en engañar a nuestro cerebro con señales de recompensa derivadas del placer que nos da el dulce, sino en equilibrar nuestra alimentación y endulzarla solo lo estrictamente necesario.

Desde Neolife, nuestra recomendación es evitar tanto aquellos alimentos que contengan azúcar en su composición como los que incluyan sustitutos de este. En caso de consumir algún edulcorante, prioriza siempre los naturales, como es en el caso de la Stevia natural (sin procesar).


BIBLIOGRAFÍA

(1) García-Almeida, J.M. y otros. (2013). “Una visión global y actual de los edulcorantes. Aspectos de regulación”. Nutr Hosp, 28(4): 17-31. URL: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112013001000003

(2) NutriMedia (2018). “Los edulcorantes son perjudiciales para la salud”. URL: https://www.upf.edu/documents/35405748/36238404/16-edulcorantes-6g.pdf/0a6612c4-38a6-5f7a-0e53-1dea47dc76cb

(3) Marcos Vázquez. (2014). “Endulzantes naturales y artificiales: los mejores y los peores”. Fitness Revolucionario. URL: https://www.fitnessrevolucionario.com/2014/10/06/endulzantes-naturales-y-artificiales-los-mejores-y-los-peores/

(4) Revenga, J. (2016). “¿Son insanos los edulcorantes?”. El Comidista. El País. URL: https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2016/01/15/articulo/1452853905_347274.html

(5) Instituto Nacional del Cáncer (2019). ¿Existe asociación entre edulcorantes artificiales y cáncer? URL: https://www.cancer.gov/about-cancer/causes-prevention/risk/diet/artificial-sweeteners-fact-sheet

(6) Stemmler, B. (2016). “Ciclamato sódico, ¿por qué es tan polémico?” En buenas manos. URL: https://www.enbuenasmanos.com/ciclamato-sodico

(7) Schiffman, S.S. y otros. (2013). “Sucralose, a synthetic organochlorine sweetener: overview of biological issues”. J Toxicol Environ Health, 16(7): 399-451. URL: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3856475/

(8) Actualidad RT. (2013). “El aspartame de Monsanto, un dulce de muerte”. URL: https://actualidad.rt.com/ciencias/view/112464-monsnato-educlorantes-aspartamo-peligro-muerte

(9) Toews, I. y otros. (2019). “Association between intake of non-sugar sweeteners and health outcomes: systematic review and meta-analysis of randomized and non-randomized controlled trials and observational studies”. BMJ, k4718. URL: https://www.bmj.com/content/364/bmj.k4718

(10) Pearlman, M. y otros. (2017). “The Association between artificial sweeteners and obesity”. Current Gastroenterology Reports, 19(12). URL: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29159583


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