El descanso de la mente o cómo el sueño disruptivo daña nuestras neuronas


El ciclo circadiano es un sistema que regula el reloj interno que todos los seres vivos tienen. Depende de factores genéticos, de tal forma que ya al nacer venimos prefijados con unas pautas de sueño concretas. Sin embargo, estas pautas pueden verse influenciadas por factores externos, produciéndose así una desincronización.

La disrupción del ritmo circadiano del sueño está íntimamente ligada a la aparición de enfermedades metabólicas relacionadas con el riesgo cardiovascular como la obesidad, la diabetes, etc., y enfermedades oncológicas. Pero, además, recientemente se ha descrito como estos efectos pueden extenderse a su vez a nuestro cerebro, produciendo enfermedades neurológicas, afectando directamente a nuestra salud mental.

Dr. Moisés De Vicente – Equipo Médico Neolife


Ya antes incluso de despertarnos, el sistema circadiano está preparando a nuestro organismo para el despertar.

Durante millones de años, nuestro reloj circadiano ha ido evolucionando, paulatinamente, para poder ajustarse a nuestro ritmo de vida actual. En otra época, nuestro mundo era predecible y nuestro ritmo de vida dependía, casi exclusivamente, de la luz solar. Nuestro organismo tenía perfectamente ajustado su biorritmo para dividir, las 24 horas del día, en franjas específicas y óptimas con el fin de llevar a cabo funciones básicas en todo animal, como son la nutrición, la digestión, evitar a los depredadores y, por supuesto, dormir. Nuestra supervivencia dependía de lograr realizar este tipo de actividades de la forma más segura y eficiente posible.

El ciclo circadiano es un sistema que regula el reloj interno que todos los seres vivos tienen. Depende de factores genéticos, de tal forma que ya al nacer venimos prefijados con unas pautas de sueño concretas. Sin embargo, estas pautas pueden verse influenciadas por factores externos produciéndose así una desincronización. Por desgracia, nuestro ritmo de vida donde existen trabajos por turnos, vuelos transcontinentales, el consumo de sustancias estimulantes, etc., es perjudicial para nuestra huella genética de sueño y todos, en mayor o menor medida, presentamos algún tipo de desincronización.

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Ya antes incluso de despertarnos, el sistema circadiano está preparando a nuestro organismo para el despertar. Lo hace mediante la regulación en la expresión de determinados genes. Ajusta niveles hormonales, actividad neuromuscular, neuronal y, en definitiva, nos va conduciendo hacia la conexión con el mundo que nos rodea.

Este sistema consta de tres elementos fundamentales: el reloj interno, localizado a nivel del núcleo supraquiasmático, el tracto retino-hipocampo y la secreción de melatonina a nivel de la glándula pineal. El primer elemento se encarga de sincronizar los cientos de genes expresados en nuestras células y que dependen de este reloj. Se activan todas las células de nuestro cuerpo, desde las neuronas hasta las células epiteliales (1). Los otros dos elementos tiene la capacidad de modificarse y, así, mejorar nuestro ciclo sueño-vigilia. La luz solar afecta directamente al sueño, activando el tracto retino-hipocampo. Es como la señal de alerta que recibe nuestro cerebro y nos informa de que ya hay luz: es de día y toca levantarse para sobrevivir. La secreción de melatonina, la conocida como hormona del sueño, viene regulada también por los cambios de luz además de los horarios de nuestras comidas, la temperatura exterior, etc. Su pico de secreción es una señal de aviso a nuestro cerebro y le indica que es el momento de ir a dormir.

Cuando esta homeostasis, esta situación de equilibrio entre la secreción de melatonina, la expresión genética a nivel celular y nuestros hábitos de vida, se pierde, se producen una serie de consecuencias deletéreas para nuestro organismo. Es lo que se define como disrupción del ritmo circadiano del sueño y está íntimamente ligada a la aparición de enfermedades metabólicas -relacionadas con el riesgo cardiovascular como la obesidad, la diabetes, etc.- y a enfermedades oncológicas (2). Pero, además, recientemente se ha descrito cómo estos efectos pueden extenderse a su vez a nuestro cerebro, produciendo enfermedades neurológicas, afectando directamente a nuestra salud mental.

En la enfermedad de Alzheimer podemos ver cómo los pacientes sufren de disrupción del sueño, característicamente de forma vespertina, en diferentes fases evolutivas (3). En un primer momento se pensó que se debía a la progresión de la enfermedad. Pero lo cierto es que se ha observado cómo esta disrupción aparece en muchos casos en estadios muy precoces. Esto ha llevado a postular que, quizás, no sea una consecuencia de la propia enfermedad, sino que en realidad se comporte como un factor predisponente a la misma, o al menos, coadyuvante (4).

Actualmente se piensa que la relación entre las enfermedades neurológicas y la disrupción del sueño es bidireccional. Sin embargo, es verdad que no existe, hasta el momento, ningún estudio concluyente. Pero las investigaciones van por este camino. Principalmente porque si esto es así, es probable que una adecuada regulación del ritmo circadiano podría prevenir, o al menos enlentecer, la aparición de este tipo de enfermedades.

El tratamiento cronoterápico es el que se utiliza para corregir esta disrupción del sueño. Se basan en realizar una adecuada higiene del sueño, dando máxima prioridad a la luz, a las horas de las comidas, evitando la ingesta de estimulantes, etc. El objetivo, según las recomendaciones de las guías estadunidenses, es el dormir un mínimo de 7 horas diarias (5).

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Sin embargo, en Neolife vamos más allá. Dentro de nuestro objetivo de armonizar y optimizar la situación metabólica y hormonal de nuestros pacientes, medimos la cronodisrupción y los niveles de melatonina, con el fin de poder establecer un tratamiento sustitutivo con esta hormona que permita, al menos por este lado, corregir esta situación.

El ritmo circadiano es uno de los ejes principales donde poder actuar con el fin de poder alcanzar nuestra meta desde el punto de vista médico: la prevención de enfermedades.


BIBLIOGRAFÍA

(1) Jagannath A, Taylor L, Wakaf Z, Vasudevan SR, Foster RG. The genetics of circadian rhythms, sleep and health. Hum Mol Genet. 2017;26:R128-R138.

(2) Luyster FS, Strollo PJ Jr, Zee PC, Walsh JK; Boards of Directors of the American Academy of Sleep Medicine and the Sleep Research Society. Sleep: a health imperative. Sleep. 2012;35:727-734.

(3) Canevelli M, Valletta M, Trebbastoni A, et al. Sundowning in dementia: clinical relevance, pathophysiological determinants, and therapeutic approaches. Front Med (Lausanne). 2016;3:73.

(4) Musiek ES, Bhimasani M, Zangrilli MA, Morris JC, Holtzman DM, Ju YS. Circadian rest-activity pattern changes in aging and preclinical Alzheimer disease. JAMA Neurol. 2018;75:582-590.

(5) 1 in 3 adults don’t get enough sleep. Centers for Disease Control and PreventionSource Accessed November 21, 2018.


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