Cómo matar “tres” pájaros de un tiro: síndrome depresivo, obesidad y menopausia


Un estudio en la revista Jama Psychiatry demuestra cómo la terapia hormonal puede prevenir los síntomas depresivos que aparecen durante la menopausia.

Además, un artículo publicado en la revista Menopause destaca entre sus conclusiones cómo el declive estrogénico de las mujeres es un catalizador en la ecuación “depresión es igual a ingesta compulsiva y obesidad”. Sin embargo, los mecanismos fisiopatológicos íntimos que regulan esta ecuación son, por el momento, una incognita.

Dr. Moisés De Vicente – Equipo Médico Neolife


Un estudio publicado en la revista Jama Psychiatry demuestra cómo la terapia hormonal puede prevenir los síntomas depresivos que aparecen durante la menopausia.

La ganancia de peso supone uno de los dramas que la mayoría de las personas deben afrontar a medida que entran en la década de los 50 años. Como bien sabemos, la obesidad (definida com un índice de masa corporal superior a 30) aumenta las probabilidades de desarrollar una resistencia insulínica y, consecuentemente, la aparición de enfermedades relacionadas con ella, como el síndrome metabólico, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Los motivos de este proceso son muchos y dependen de varios factores. En primer lugar, de nuestros propios hábitos y estilos de vida, que habremos moldeado (mejor o peor) a lo largo de nuestra infancia y juventud. Pero existen otros factores asociados, como por ejemplo los factores genéticos y los asociados a otras comorbilidades que nos empujan hacia la senda de los kilos.

Síndrome depresivo, obesidad y menopausia

Las mujeres, llegadas a esta edad, presentan un riesgo incluso mayor que los hombres de presentar sobrepeso e, incluso, obesidad. Varios estudios han descrito cómo hasta un 40% de las mujeres mayores de 40 años son obesas o presentan sobrepeso1. En este grupo existe un factor fundamental para el desarrollo de esta situación: la transición hacia la menopausia.

Sin embargo, existe otro factor importante, y muy a tener en cuenta, en el desarrollo de este sobrepeso, y es la depresión2,3, o al menos, la presencia de síntomas depresivos. Los síntomas depresivos acompañan en muchísimas ocasiones a esta transición menopáusica. En ella no solo influyen el descenso de niveles estrogénicos, sino también el ámbito social en el que, por desgracia, aún nos movemos.

La relación entre la ingesta compulsiva, la presencia de depresión y la obesidad es algo descrito en múltiples artículos4. De esta forma se cierra el círculo vicioso de menopausia, depresión, ingesta compulsiva y obesidad. De hecho, en muchos casos es imposible saber qué fue primero: estoy deprimida porque mis estrógenos están presentando un descenso en su producción y por eso como más y peor (fundamentalmente alimentos con un elevado aporte calórico) o aumento mi ingesta debido a mis hábitos de vida, lo que disminuye mi producción de estrógenos y consecuentemente me deprimo, etc.

Esta asociación ha sido recientemente demostrada en un artículo publicado en la revista Menopause5. Como conclusiones, destacan cómo el declive estrogénico de las mujeres es un catalizador en la ecuación “depresión es igual a ingesta compulsiva y obesidad”. Sin embargo, los mecanismos fisiopatológicos íntimos que regulan esta ecuación son, por el momento, una incognita.

A la vista del marco en el que nos encontramos, se han sugerido numerosas terapias nutricionales, conductuales e, incluso, tratamientos antidepresivos, con el fin de romper este círculo vicioso. A pesar de ello, la tasa de fracaso de estas terapias es elevada. Por sí solas, las terapias conductuales y nutricionales no logran disminuir la sensación de inquetud o ansiedad que produce la ingesta compulsiva. Permiten un control del peso, en muchos casos temporal, gracias a una férrea disciplina que tarde o temprano el paciente no es capaz de mantener, sucumbiendo a la pulsión de la ingesta.

Por otro lado, los tratamientos antidepresivos pueden lograr contener este aspecto. Sin embargo, muchos de ellos plantean como efecto secundario una ganancia ponderal, por lo que no logran romper el hechizo. Como mal menor, consiguen que esta ganancia sea más paulatina y mejoran en muchos casos los síntomas depresivos asociados.

¿Y qué nos queda entonces? ¿Deben las mujeres sucumbir a la depresión y la comida al llegar a estas edades? Recientemente se ha publicado un estudio en la revista Jama Psychiatry6 en donde se demuestra cómo la terapia hormonal puede prevenir los síntomas depresivos que aparecen durante esta etapa de transición menopáusica. El articulo describe cómo las pacientes en tratamiento estrogénico con estradiol transdérmico (se utilizaron diferentes marcas) asociado a progesterona micronizada intermitente, desarrollaron menos sintomatología depresiva en comparación con las mujeres que recibieron placebo. De hecho, el beneficio fue mayor en aquellas mujeres que habían padecido una situación de estrés y en aquellas en las que el tratamiento se inició en etapas tempranas de la transición.

Hay que resaltar que estos resultados fueron significativos aun después de ajustar estadísticamente en función de la presencia de síntomas vasomotores. Es decir, que el tratamiento hormonal aporta beneficios profilácticos directos sobre el estado de ánimo, independientemente de sus efectos benéficos sobre los síntomas de la menopausia.

Hoy en día, la terapia de reemplazo hormonal está adquiriendo numerosas capacidades beneficiosas para multitud de pacientes. En Neolife utilizamos este tipo de tratamiento para mejorar los síntomas asociados a la menopausia. Con ello logramos no solo mejorar su situación hormonal, sino que mejoramos el estado de ánimo y prevenimos el posible desarrollo de otro tipo de enfermedades o comorbilidades como, en este caso, la obesidad.


BIBLIOGRAFÍA

(1) Ogden C, Carroll M, Fryar C, Flegal K. Prevalence of obesity among adults and youth: United States. NCHS Data Brief 2015; 219:1–8.

(2) Simon G, Ludman E, Linde J, et al. Association between obesity and depression in middle-aged women. Gen Hosp Psychiatry 2008; 30:32–39.

(3) Jasienska G, Ziomkiewicz A, Górkiewicz M, Pajak A. Body mass, depressive symptoms and menopausal status: an examination of the “Jolly Fat” hypothesis. Womens Health Iss 2005; 15:145–151.

(4) Konttinen H, Manniesto S, Sarlio-Lahteenkorva S, Silventoinen K, Haukkala A. Emotional eating, depressive symptoms and self-reported food consumption: a population-based study. Appetite 2010; 54:473–479.

(5) Dana R. Schreiber, MS and Natalie D. Dautovich, PhD. Depressive Symptoms and Weight in Midlife Women: The Role of Stress Eating and Menopause Status. 2017;24(10):1190-1199.

(6) Jennifer L. Gordon, PhD1; David R. Rubinow, MD2; Tory A. Eisenlohr-Moul, PhD2; et al. Efficacy of Transdermal Estradiol and Micronized Progesterone in the Prevention of Depressive Symptoms in the Menopause Transition. A Randomized Clinical Trial.

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