10 mitos acerca del tratamiento con testosterona en mujeres


La terapia con testosterona bioidéntica a las dosis adecuadas es totalmente segura y permite realizar un correcto reequilibrio hormonal. A pesar de ello, existen rumores y mitos carentes de evidencia científica.

Algunas de estas ideas erróneas que se mantienen en el imaginario colectivo son: que la testosterona es una hormona “masculina”; que su único papel en la mujer es el deseo sexual y la libido; que su tratamiento masculiniza a las mujeres; que puede producir voz ronca (varonil); que produce caída del cabello; que tiene efectos adversos a nivel cardiovascular; que causa agresividad; o que puede aumentar el riesgo de cáncer de mama.

Dr. Iván Moreno – Equipo Médico Neolife


Muchos de los mitos que generan mala fama a las hormonas son extrapolaciones de efectos adversos derivados del uso a muy altas dosis de anabolizantes, que nada tienen que ver con la testosterona bioidéntica.

La terapia con testosterona es cada vez más usada para paliar los síntomas de deficiencia hormonal en mujeres pre y postmenopáusicas.

A pesar de que numerosos estudios científicos muestran la seguridad y eficacia de este tratamiento, se han creado rumores y mitos inciertos, que a fuerza de repetirse parecen tener más “cuerpo”, pero a los que les siguen faltando evidencia médica que los respalde.

Muchos de estos mitos son extrapolaciones de los efectos adversos derivados del uso a muy altas dosis de anabolizantes (derivados de testosterona) en otros ámbitos (culturismo, dopaje, etc.).

En este artículo nos referiremos a la terapia con testosterona bioidéntica (idéntica a la molécula de testosterona humana) a las dosis de reposición que buscan reponer los niveles fisiológicos que ya teníamos en nuestra juventud, que es el patrón que rige en un correcto reequilibrio hormonal, como hacemos en Neolife.

10 mitos acerca del tratamiento con testosterona en mujeres

Mito 1: La testosterona es una hormona “masculina”.

Es cierto que los hombres tienen niveles más altos de testosterona, pero en el cuerpo de la mujer la hormona sexual más abundante es precisamente la testosterona. Los estrógenos (clásicamente conocidos como hormonas femeninas) tienen concentraciones a lo largo de la vida de la mujer del orden de 10 veces menores. La testosterona, en balance con dosis menores de estradiol, es igualmente importante para ambos sexos.

Hecho: la testosterona es la hormona biológicamente activa más abundante en la mujer.

Mito 2: El único papel de la testosterona en la mujer es el deseo sexual y la libido.

Otra idea incorrecta, pues de hecho existen receptores para testosterona en prácticamente todos los tejidos del cuerpo de la mujer. La testosterona y sus precursores disminuyen con la edad, y las mujeres pre y postmenopáusicas pueden experimentar síntomas de deficiencia androgénica tales como: alteraciones del ánimo, malestar, fatigabilidad, pérdida de densidad ósea y masa muscular, embotamiento mental, trastornos de memoria, sofocos, molestias articulares, disfunción sexual, etc.

Hecho: la testosterona es esencial para la salud física y mental de la mujer.

Mito 3: El tratamiento con testosterona masculiniza a las mujeres.

La reposición de los niveles hormonales ideales (aquellos que teníamos con 18-25 años), lejos de masculinizar, estimula la feminidad. No hay que confundir con las altas dosis supra-farmacológicas que se administran a los pacientes que precisan cambios más drásticos por problemas con su género, en cuyo caso, incluso, los síntomas son reversibles al reducir la dosis.

Hecho: fuera de dosis supra-farmacológicas, la testosterona no tiene efectos masculinizantes en la mujer.

Mito 4: La testosterona puede producir voz ronca (varonil).

La ronquera puede afectarnos a todos en diferentes momentos por causas inflamatorias o infecciosas en la garganta, siendo reversible. No hay un mecanismo por el que la testosterona pudiera producir este fenómeno, e incluso con dosis elevadas de otros andrógenos no hay evidencia clara de ronquera o cambios irreversibles en las cuerdas vocales.

Hecho: no hay evidencia de que testosterona produzca cambios en la voz.

Mito 5: La testosterona produce caída del cabello.

La pérdida capilar es un proceso complejo, multifactorial, condicionado también genéticamente. La alopecia “androgénica” se refiere a un patrón de pérdida capilar de distribución similar a la del hombre, no refiriéndose tanto a la causa, sino a la distribución de la misma. En todo caso, es la dihidrotestosterona (DHT), y no la testosterona, la que está implicada. La obesidad y la resistencia a la insulina, así como el alcohol, el sedentarismo y algunas medicaciones, aumentan la conversión de testosterona en DHT y estradiol en el folículo piloso.

Aproximadamente un tercio de las mujeres experimenta pérdida y fragilidad capilar con la edad, coincidiendo con el descenso de la testosterona. Hay estudios en los que se ha mostrado regeneración del cabello con implantes subcutáneos de testosterona en estas mujeres.

Hecho: la testosterona no produce pérdida capilar; incluso en algunos casos puede mejorar la misma.

Mito 6: La testosterona tiene efectos adversos a nivel cardiovascular.

A diferencia de los anabolizantes sintéticos, no hay evidencia de que la testosterona tenga un efecto adverso a nivel cardiovascular. Su reposición tiene un efecto beneficioso en el metabolismo de la glucosa y los lípidos, así como en el mantenimiento de la “masa magra” en el cuerpo de hombres y mujeres.

El más completo metaanálisis3 realizado sobre este punto ha demostrado que no hay mayor riesgo cardiovascular con el tratamiento de reposición con testosterona; de hecho, se ha demostrado una menor aparición de enfermedad cardiovascular en algunos grupos (los de mayor riesgo cardiometabólico).

Hecho: hay evidencia sustancial que apoya la seguridad cardiovascular de testosterona, mostrando incluso un probable efecto protector.

Mito 7: La testosterona daña el hígado y puede producir “coágulos” (enfermedad tromboembólica venosa).

Este es un rumor “importado” del mundo de los anabolizantes (andrógenos sintéticos) que se toman en altas dosis por vía oral y efectivamente producen daño hepático. Lo cierto es que la testosterona parenteral (en gel, parche o implante subcutáneo) evita el primer paso por el hígado y no tiene efectos adversos (no hay aumento de transaminasas ni altera los factores de coagulación). No hay relación entre testosterona administrada de esta forma y la aparición de coágulos (trombosis, embolia), a diferencia de los esteroides sintéticos, los estrógenos tomados sin progesterona y las progestinas.

Hecho: la testosterona no-oral no daña al hígado ni aumenta la coagulación.

Mito 8: La testosterona causa agresividad.

Aunque los anabolizantes a altas dosis pueden causar agresividad y ataques de “rabia” (de ahí viene el rumor), esto no sucede con la testosterona. Incluso dosis supra-farmacológicas de testosterona intramuscular no han mostrado claramente aparición de agresividad.

Como se ha comentado anteriormente, en personas obesas, con consumo de alcohol o sedentarismo pronunciado, la tasa de conversión de testosterona a estradiol puede verse aumentada. El exceso de efecto estrogénico (estradiol y derivados) sí que se ha asociado con irritabilidad y agresividad en diferentes especies. De hecho, en mujeres con síntomas de deficiencia androgénica, el tratamiento con testosterona mejoró la ansiedad e irritabilidad en más del 90% de los casos2.

Hecho: la terapia con testosterona no se asocia con agresividad; incluso en mujeres con déficit de la misma, mejora la ansiedad y la irritabilidad.

Mito 9: La testosterona puede aumentar el riesgo de cáncer de mama.

Desde 1937 se sabe que el cáncer de mama es habitualmente estrogénico-dependiente y que la testosterona podría tener un posible papel frenador del crecimiento del tejido mamario, e incluso ser un tratamiento para el cáncer de mama.

En recientes estudios en los que se administró testosterona junto con un inhibidor de la aromatasa (para que no se convierta en estrógenos) se comprobó reducción o desaparición del tumor5.

Hecho – la testosterona no aumenta el cáncer de mama; de hecho podría tener un papel protector.

Mito 10: la seguridad del uso de testosterona en mujeres no ha sido testada.

Existen datos de tratamientos con dosis muy elevadas durante más de 40 años en pacientes transgénero que han mostrado seguridad en este tratamiento, siendo los efectos secundarios consecuencia de la toma por vía oral (ya no se usa) o de la conversión en estradiol (no suele ser un problema a las dosis que se usa para reposición hormonal bioidéntica).

Hecho: la seguridad de testosterona por vía no-oral está bien establecida en mujeres para tratamientos a muy largo plazo.


BIBLIOGRAFÍA

(1) Glaser, R., & Dimitrakakis, C. (2013). Testosterone therapy in women: myths and misconceptions. Maturitas, 74(3), 230–234.

(2) Glaser R, York AE, Dimitrakakis C. Beneficial effects of testosterone therapy in women measured by the validated Menopause Rating Scale (MRS). Maturitas 2011;68:355–61.

(3) Corona G, Rastrelli G, Maggi M. Diagnosis and treatment of late onset hypogonadism: systematic review and meta- analysis of TRT outcomes. Best Pract Res Clin Endocrinol Metab 2013;27:557-579.

(4) Hackett, G., Kirby, M., Edwards, D., Jones, T. H., Wylie, K., Ossei-Gerning, N., et al. (2017). British Society for Sexual Medicine Guidelines on Adult Testosterone Deficiency, With Statements for UK Practice. The Journal of Sexual Medicine, 14(12), 1504–1523.

(5) Glaser, R., & Dimitrakakis, C. (2015). Testosterone and breast cancer prevention. Maturitas, 82(3), 291–295.

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